El evadir tus problemas no los hará desaparecer

Algunas veces se hace más sencillo no afrontar una situación que en nuestra mente hemos catalogado como problema, como algo que de alguna manera nos está trayendo inconvenientes o nos está colocando en una posición incómoda.

La mayoría de las veces el hacerle frente a una de estas situaciones nos demandará mucho valor, dedicación y disposición. Probablemente tengamos que tomar decisiones que hemos venido alargando porque de una forma u otra nos colocan ante un cambio radical o muy importante para nosotros, sin estar necesariamente preparados.

El evadir una situación nos da una banda de tiempo con la que podemos jugar o durante la cual podemos idear una estrategia determinada para colocar las cosas en su lugar, ya ubicarnos en esta posición de resolución nos coloca a un paso de afrontar nuestro “problema”.

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A veces nos adelantamos a los acontecimientos y cualquier cosa que se nos cruza por la mente es por mucho un escenario peor al que terminamos efectivamente atravesando. Pero la incertidumbre nos puede paralizar o hacer que tomemos caminos por las ramas con tal de no tropezar con aquello que nos negamos a mirar.

Las energías que invertimos en ese tiempo en el cual queremos hacernos como que las cosas no están pasando o como si aquello aun es distante a nosotros, nos consumen más emocionalmente, que el hecho de hacerle frente a la situación.

De qué nos puede servir el postergar algo que no va a mejorar por sí solo, que va a continuar con su constante amenaza a nuestra tranquilidad y quizás vaya tomando dimensiones que se nos hagan mucho más difíciles de manejar.

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La experiencia es uno de los factores que nos hace asumir ciertas experiencias indeseables de la vida con mayor serenidad y confianza. Cuando ya hemos atravesado una buena parte del trayecto de la vida, es común haber tropezado unas cuantas veces y quizás ya sepamos que nuestra mente muchas veces no nos colabora tanto, desgastándonos a través de procesos imaginarios donde el mundo se nos cae a pedazos y en donde en la realidad solo uno que otro mosaico se ha salido del cuadro.

Los momentos de mayor turbulencia afuera, son los que nos demandan mayor serenidad adentro, no importa si nos escondemos, si nos resistimos, si nos negamos, nada de eso hará desaparecer nuestros problemas, solo el darle la atención justa y tomar acciones al respecto lo hará.

No tenemos que andar apurados, pero sí conscientes de que mientras más pronto afrontemos una situación, más pronto hallaremos la salida. Confiemos en el proceso de la vida y fluyamos con cada experiencia. De cualquier manera un problema solo será un problema gracias a nuestro enfoque y son cada una de esas experiencias las que nos harán crecer y evolucionar, así que ¿por qué postergar ese aprendizaje?

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De la cuna a la tumba es una escuela, por eso lo que llamas problemas son lecciones.― Facundo Cabral

 

Por: Sara Espejo – Viajes del Corazón