Despierta… En cada mirada perdida, hay un paisaje que muere

Puede ser verdad que la rutina de nuestras vidas tiene una capacidad increíble para absorbernos y muchas veces podemos justificarnos para no ver justo lo que tenemos en frente. Adicionalmente a que vivimos muchas veces en automático, repitiendo acciones, mirando sin ver, nos encontramos con una mente que niega el momento presente, que se dispersa con facilidad y nos llama constantemente a revisar cosas de nuestro pasado o bien para alertarnos de algo que está por venir.

Mientras tanto, en paralelo con nuestro constante viaje en el tiempo, entre añoranzas y rabias, entre ansiedad, preocupación, anhelos y esperanzas, transcurre lo único que realmente tenemos, nuestro presente y en él nuestra vida… No tenemos el pasado, solo sus recuerdos y una mente creativa que los cambia a conveniencia, menos tenemos ese futuro al cual no sabemos si llegaremos… Luego, ¿vale la pena realmente perdernos de lo que verdaderamente es nuestro?

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Sabemos con la facilidad con la cual nuestra mente viaja y nos arrastra, pero hagamos ejercicios a diario que nos traigan al presente y aprovechemos ese nivel de consciencia para favorecer nuestras vidas, para conectarnos con lo que nos gusta, para conectarnos con esa energía de reconocimiento, que nos lleva de forma automática a un estado de gratitud.

La vía más rápida de conectarnos al presente

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La respiración consciente, nada más automático que la respiración, de hecho cuando le prestamos atención e inclusive queremos controlarla, podemos sentir una ligera incomodidad por la sensación de que al obedecernos deja de ser tan fluida e imperceptible como estamos acostumbrados.

El respirar de manera consciente nos trae al aquí y al ahora, nos trae a vivir ese instante de tiempo que nos pertenece, en el cual estamos leyendo, comiendo, conversando, bailando… hace que nuestra mente deje de pensar en cualquier otra cosa lejana y aterrice en donde estamos y si sacamos más provecho podemos adoptar como práctica el respirar de manera consciente y al hacerlo identificar cualquier cosa que resulte agradable a cualquiera de nuestros sentidos.

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Con esta práctica reconocemos cosas que quizás siempre han estado allí y sencillamente no nos habíamos tomado la molestia de apreciar. Con la misma podemos escuchar esa risa de ese pequeño que cada día se vuelve más grande y cuya voz  y expresiones nunca serán como en este momento. Adicionalmente podemos saborear ese café y darle mayor sentido a la rutina… Con esta práctica podemos mirar ese paisaje que está allí para llamar nuestra atención, para recordarnos que la vida es maravillosa y que es justamente ahora. No dejes que ese paisaje muera sin haber cumplido su meta.

Vive y date cuenta de que lo estás haciendo.

Por: Sara Espejo – Viajes del Corazón