Acabaste con mi amor de mentira en mentira, de traición en traición

La verdad es que hoy puedo decir que el amor por alguien más tiene la posibilidad de cegarnos totalmente, de permitirnos ver exactamente lo que nuestro corazón quiere que veamos. Aun encontrándonos frente a una dura realidad, aun cuando no podemos evitar estar viendo lo que se encuentra justo frente a nuestros ojos, queremos seguir aferrados a lo que quisiésemos que fuese verdad.

Pero en algún momento, a veces luego de habernos desgastado suficiente dándole sentido a lo que no lo tiene, justificando acciones y omisiones, no nos queda más opción que asumir lo que ocurre, asumir nuestra resistencia y nuestra negación ante lo que ya no tiene más forma que tomar y puede que ese momento de reconocimiento nos lastime tanto que nos sintamos sin fuerzas y con una presión tan grande que no podamos respirar.

Sin embargo, nos aferraremos a una verdad entre tantas mentiras: “todo pasa”, por más que duela, por más que sintamos el suelo desvanecerse a nuestros pies… todo pasa…  y lo que hoy es dolor, mañana será aprendizaje, fortaleza, experiencia, mañana ese amor que tú no supiste valorar y mataste mentira tras mentira, será en primer lugar para mí y muy pronto lo compartiré con alguien que realmente lo merezca.

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La verdad es que no tiene mucho sentido preguntarme el porqué de cada mentira, se supone que cada quien está donde se siente cómodo, donde se siente a gusto y tu comportamiento y cada una de tus mentiras solo corresponde a las acciones de alguien que no se sentía a gusto donde estaba. Mucho más leal, mucho más respetuoso marcharse sin lastimar, retirarse sin dejar cicatrices, mucho más sensato terminar antes de pronunciar tantos “te amos” cargados de mentiras.

Las mentiras se volvieron tu forma de ser, o lo más probable es que siempre hayan formado parte de ti… Miro hacia atrás con tanta nostalgia, porque no hubo nada real, todo está contaminado con tus engaños, con tu falta de lealtad  y de respeto… En este momento me cuesta rescatar una lección de esto, que no me lleve a desconfiar de todo y de todos… Tú no te mereces marcarme de esa manera y no te daré el gusto de hacer de mí algo que no tiene nada que ver conmigo, yo seguiré confiando en que el amor leal y comprometido existe.

Me hiciste dudar de mí, me hiciste pensar que tenía problemas de confianza, de seguridad… hablando de mis “neurosis”, cuando estaba en exposición constante a la mentira y a la manipulación de tu parte… Pues estuve con una venda en los ojos, me lastimé y permití que tú me lastimases también. Lo cual me entristece mucho, porque tú sabes que yo no merecía en respuesta a mi amor y a mi entrega una respuesta tan vil.

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Me llevo lo poco que quedó intacto, que no lograste ensuciar, me llevo algunos recuerdos y me llevo las ganas de continuar con mi vida, libre de personas de falsa moral y credibilidad cero, me llevo mis ilusiones de recorrer mi camino junto a alguien que realmente me ame y me valore y me llevo la firme disposición de cuidarme de personas como tú, que por ser tan diferente a mí, me costó tanto reconocer.

Feliz vida… de engaños, de mentiras y de amores que solo sienten por ti resentimiento y el mal sabor de haber mal invertido su tiempo y su amor… Te dejo con tus patrones, con tu rutina, con todos tus años (muchos más que los míos), que a fin de cuentas no te han hecho una mejor persona, sino por el contrario, han acentuado tus inseguridades y tu necesidad constante de decir presente en cualquier espacio, incluso si eso arriesga las pocas verdades que tocan tu vida a pesar de ti.

Me despido, con mucho dolor, con el amargo sabor en la boca característico de esas lágrimas del corazón que no saben cómo salir… Pero con la esperanza de haber marcado el fin de un ciclo muy doloroso y haber dado la bienvenida a lo que realmente merezco en mi vida.

Por: Sara Espejo – Viajes Del Corazón