A veces solo sabemos que la única manera de estar en paz con nosotros mismos, es diciendo adiós

Hay situaciones en las cuales no tenemos una alternativa que nos haga reconectarnos con la paz y la tranquilidad que anhelamos, diferente a la de decir adiós. Sin embargo, como la mayoría de las despedidas, nos puede dar miedo, podemos postergarla para evitarnos sufrimientos, para evitar arrepentimientos o sencillamente esperando que el tiempo y quizás una que otra acción nos ayude a tener otra alternativa por la cual podamos decidir.

No nos acostumbramos a aceptar que las cosas no resultaron como deseamos en algún momento, sino que por el contrario se han convertido en algo con la cual no nos gusta estar vinculados. Nos duele aceptar que esa persona en quien depositamos nuestro amor, no resultó tan compatible como nos hubiese gustado. Nos es complicado aceptar que ese sitio que sentimos tan nuestro nos está asfixiando con sus paredes… Siempre cuesta aceptar cuando los resultados no concuerdan con lo que estaba en nuestra mente.

Pero por más que nos cueste quitarnos la venda y acostumbrarnos a la verdad que tenemos en frente, muchas veces será justo eso lo que necesitemos para tomar la decisión de cerrar un ciclo, lo cual tiene más ventajas de lo que preliminarmente logramos ver. Cada caso tiene sus pros y contras particulares, sin embargo, nos resulta de utilidad considerar que los cambios siempre, siempre, tienen al menos una cosa positiva.

soledad-1

Las despedidas determinan un cierre de ciclo y cuando nosotros somos capaces de realmente cerrar una puerta, de forma mágica comenzamos a mirar todas las puertas que tenemos para considerar. El hecho de tener opciones nos ayuda a relajarnos, nos ayuda a no pensar desde el miedo o desde el apego.

Cuando nos relajamos las cosas fluyen, nos encontramos a nosotros mismos en el proceso, cuando la turbulencia cesa, podemos entender que aun cuando la paz y la tranquilidad dependen de  lo que nosotros mismos permitimos en nuestras vidas, muy difícilmente en la situación que decidimos despedir, nos hubiese dado la oportunidad de sentir esa armonía que probablemente hayamos recobrado.

Aferrarse a cualquier situación por no tener el valor de despedirnos nos hace carceleros de nosotros mismos, decidiendo sobre sueños rotos del pasado, que sabemos que no se van a materializar.

solitary-walk

No debemos ser fatalistas, pero tampoco  debemos fantasear en un romanticismo absurdo… Debemos desde una posición neutral evaluar qué dimos, qué recibimos, qué estamos dispuestos a dar y cuál es el pronóstico de lo que recibiremos. Y muchas veces al ser objetivos, sencillamente tomamos consciencia de que lo único inteligente que nos queda y que mayor amor hacia nosotros y quizás al resto de las personas involucradas, es despedirnos, lo más dignamente posible, evitando en lo posible los daños colaterales.

“Poder decir adiós es crecer.” ― Gustavo Cerati

 

Por: Sara Espejo – Viajes del Corazón