7 Lecciones que nos pueden dejar una relación fallida

Evidentemente nadie se relaciona con otra persona, pensando que las cosas terminarán en una ruptura, incluso cuando las estadísticas nos hablan de que es bastante probable que ocurra. Sin embargo, en caso de que ése sea el final de nuestra relación debemos aprender a sacar provecho de todo, en especial de las interacciones que nos permiten vernos reflejados en el otro y son una oportunidad perfecta para crecer, inclusive tras una separación.

De nada nos sirve terminar una relación y cargarnos de rencor o sumergirnos en una profunda tristeza. Aunque debemos vivir un duelo, podemos hacerlo con la mejor actitud y procurando el mayor bien para nosotros y los demás involucrados (aunque debería ser solo nuestra pareja, pues la realidad nos habla de que pueden haber más personas relacionadas con el proceso).

Acá te dejamos algunas de las lecciones que pudieses tomar, que te ayudarán a crecer y te serán de utilidad para tus próximas relaciones.

Debemos ser flexibles en cuanto a nuestras expectativas: Por lo general tenemos expectativas de lo que queremos que sea nuestra relación y la persona que esté a nuestro lado, pero mientras más flexibles seamos al respecto, nos costará menos permitir que nos amen desde la libertad y quizás lo que obtengamos sea mucho mejor de lo que nosotros esperábamos.

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Cada quien está donde y con quien quiere estar: A veces perdemos tiempo y energías celando a alguien, restándonos valor e inclusive reafirmándonos que no somos merecedores de un amor honesto, solo para nosotros y no nos damos cuenta de que cada quien está donde quiere y con quien quiere. Debemos confiar en que tenemos lo suficiente como para que nuestra pareja esté solo con nosotros y quiera permanecer allí y que si no desea hacerlo, pues lo más conveniente es que no esté y no será una pérdida, sino una absoluta ganancia.

No podemos obligar a nadie a cambiar: Evidentemente que nos gustaría que esa persona con la que hacemos un proyecto de vida fuese, reaccionase o pensase de una manera en particular, pero la realidad es que no podemos obligar a nadie a adaptarse a lo que nosotros queremos. Si tal cual como es encaja en nuestras vidas, pues perfecto, si no, tratemos de medir qué tan tolerables son esas cosas que no nos agradan o que quisiésemos fuesen diferente y con la mayor honestidad posible continuemos o terminemos.

Lo que criticamos en el otro, quizás sea aquello que no aceptamos en nosotros mismos: Las relaciones de pareja suelen mostrarnos aspectos de nosotros mismos que somos incapaces de ver estando solos, pero si hacemos un alto y buscamos qué era lo que más criticábamos en el otro, seguramente descubriremos en nosotros aspectos relacionados que debemos sanar o aceptar.

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No necesitamos que nadie nos complemente: Somos seres completísimos, no somos mitades de nada. No requerimos encontrar complemento en alguien más. Podemos amar desde la independencia, desde la individualidad y desde la libertad.

Todo lo que ocurre en la pareja es responsabilidad de los dos: Nada de lo que ocurre a una pareja es de exclusiva responsabilidad de una de las partes, esto puede ser difícil de aceptar, pero nos aporta mucho crecimiento el entender y aceptar nuestra cuota de responsabilidad en los acontecimientos.

Nadie nos pertenece: No somos dueños de nadie, cada quien vino a este plano en iguales condiciones, a través de alguien, pero sin pertenecerle a nadie. Así que la idea de posesión debe desvanecerse en caso de existir y sustituirse por una idea de que seleccionamos a las personas con las que creceremos y compartiremos un camino común, mientras las condiciones estén dadas para ello.

Que cada uno tome para sí lo que le parezca oportuno en sus experiencias vividas, pero que nada nos ocurra sin generar algún tipo de crecimiento en nosotros, que todo sea para nuestro mayor provecho y podamos agradecer incluso a esas experiencias que quizás no terminaron como lo imaginamos en un principio.

Por: Sara Espejo – Viajes del Corazón