Prefiero una soledad digna, que una relación incompleta

Muchas veces nos encontramos vinculados en una relación que no nos satisface porque preferimos ese estado a estar solos. Pero qué gran error estamos cometiendo al desvalorar nuestra soledad y someternos a un vínculo que nos empequeñece.

Definitivamente la soledad es un estado particular, al que muchos le tememos, por no comprenderlo y por no apreciar lo enriquecedor que puede ser. Disfrutar nuestra soledad es un arte, es un placer, poder hacer lo que nos venga en gana, poder disfrutar de un buen libro, poder salir con quien queramos, poder conocernos, poder saber quiénes somos realmente sin estar bajo la influencia de nadie o la complacencia de determinados gustos es una verdadera bendición.

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El problema principal radica en que casi nadie disfruta de su estado de soledad, principalmente por miedo, por miedo a quedarnos permanentemente en ese estado, por miedo a que “se nos pase el momento de casarnos”, o que se nos haga tarde para tener hijos, por miedo a que las arrugas se apoderen de nosotros y no dejen ver lo atractivos que somos ante el sexo opuesto, por miedo a que en el próximo cumpleaños no se reciba ese regalo especial, por miedo a no poder mantenernos por nuestros propios medios, por miedo a “resignarnos” a la soledad…

En fin, son nuestros miedos los que hablan por nosotros cuando deseamos desesperadamente estar con alguien, cuando hipotecamos nuestro ser para intentar arreglar alguna relación que no nos sirve, cuando nos paralizamos ante la vida, porque es más sencillo vivirla en pareja, cuando inclusive pensamos que no podremos conseguir a alguien mejor para compartir nuestros días, que a quien tenemos al lado y nos hace amargos nuestros días… Y la verdad es que no funciona así, hay muchos estados idealizados, sobre los cuales se tejen toda una cantidad de mitos e irrealidades…

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El mejor estado es aquel que nos permite:

  • Ser nosotros mismos
  • Amarnos a nosotros primero, aunque pueda sonar egoísta
  • Iniciar el día con una sonrisa y no con una preocupación
  • Aceptarnos con nuestros defectos y virtudes
  • Motivarnos para ser mejores
  • Celebrar nuestros logros grandes y pequeños
  • Darle a nuestro corazón el sosiego del cariño y la esperanza
  • Alimentar nuestra mente de pensamientos positivos
  • No aceptar en nuestra vida el desamor, el maltrato o la indiferencia
  • Darnos cuenta de qué es lo que realmente nos conviene
  • Limitar a las personas que nos perjudicar

Si nuestro estado en soledad o en compañía nos permite lo anterior estaremos siendo justos con nosotros mismos, si por el contrario, nosotros mismos nos estamos torturando en medio de una soledad que no disfrutamos por ansiar otro estado, o en una relación que nos hace sentirnos culpables por aceptar situaciones donde el malestar y la tristeza salen a flote, es momento de tomar cartas en el asunto, liberar nuestros miedos, las relaciones son para fortalecernos, quien nos quiere realmente nos querrá con arruguitas o unos cauchitos duros de roer, verá probablemente más allá de lo que nosotros vemos, nos hará sentirnos importantes y queridos, será un apoyo para nosotros y una alegría compartir con ellos.

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Todo esto se logra con autoconocimiento y amor propio, no pretendamos que alguien nos ame más de lo que nosotros podemos hacerlo, cuando nosotros nos respetamos, establecemos límites, nos aceptamos y tenemos una relación sana con nosotros mismos, es cuando podemos vincularnos con otra persona que nos ofrecerá más de eso que nosotros nos damos.

Es preferible la soledad digna y sin conflicto, que una relación incompleta

en la que la carencia manda.

Walter Riso

Por: Sara Espejo – Rincón del Tibet

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